
Lo que acaba de pasar parece sacado directamente de un episodio de Black Mirror.
Tilly Norwood no es una actriz. Es una IA. Un algoritmo con emociones programadas y una sonrisa que probablemente fue calculada para maximizar la empatía… según algún estudio de mercado. Creada por el estudio Xicoia y la casa de innovación Particle6, Tilly es la primera actriz generada completamente por inteligencia artificial que quiere “hacer carrera en el cine”. ¿Y saben qué? Hay agentes de talento que están interesados en representarla.
Tilly no necesita dormir. No tiene salario. No pide trailers privados. No envejece. No protesta. No pide derechos de imagen. Y claro, no tiene que lidiar con productores acosadores o directores con ego descontrolado.
En teoría, suena tentador para un estudio en crisis económica crónica: una Scarlett Johansson sin sindicato, una Natalie Portman sin contrato. Pero… ¿a qué costo?
¿De verdad vamos a reemplazar a seres humanos por avatares renderizados porque “es más barato”? ¿Ya no nos basta con precarizar a los trabajadores, ahora también vamos a literalmente borrarlos del mapa?
En el Zurich Summit dijo que las agencias están interesadas en representarla. No en venderla como tecnología. En representarla. Como a cualquier actriz viva.
Imagina a un representante diciendo: “Bueno, tengo a este talento increíble, disponible 24/7, con cero drama, cero necesidades humanas y una sonrisa programable. ¿Te interesa para tu próxima película?”. ¿Y qué actor va a competir con eso? ¿Un ser humano que se enferma, se agota o se niega a hacer desnudos gratuitos?
Después de las huelgas de 2023, donde guionistas y actores literalmente salieron a las calles para frenar la avanzada IA… ¿esto es en serio? ¿Una IA con agencia? ¿Una actriz sin derechos humanos que va a competir por los mismos roles que mujeres reales?
¿Dónde está la línea? ¿Se puede borrar la dimensión humana del arte y aún llamarlo arte?
La pregunta no es si Tilly va a actuar. La pregunta es si vamos a ir al cine a verla.